Anecdota Navideña..
Aquella Navidad la recuerdo con cariño y con mala leche. Era
la tarde de Reyes y como cada año, donde trabajaba mi padre, se sentaban los
reyes en sus tronos y repartían regalos a los hijos de los empleados. Mi padre
siempre se disfrazó de rey Baltasar -yo lo supe ese mismo día después de unos
cuantos años-; mi rey preferido siempre fue Melchor, el “señor de la barba
blanca” como yo le llamaba. Pues bien, ese año, que yo tenía 8 años, se me
metió en la cabeza que yo quería sentarme encima del rey Baltasar. Mi madre me
insistía en que mi rey preferido era Melchor y que por qué iba a cambiar.
Después de ponerme burra al final me senté encima del rey Baltasar. Entonces
noté como ‘mi padre’ estaba nervioso y empezaba a sudar, con lo cual la pintura
negra que tenía se empezaba a extender por la cara y el cuello, dejando algunas
partes sin color. Encima yo le hablaba y él no me contestaba, cuando con mi rey
preferido yo me echaba buenas conversaciones. A mi madre que estaba al lado le
dije: “¿mamá por qué este rey no me habla? ¿Mama si el rey Baltasar es de color
negro por qué tiene la cara pintada?” Mi padre no lo pudo soportar y se echó a
reír, con lo cual yo me di cuenta de que era él y me dijo: “¿te gusta cómo me
he disfrazado?”. Yo me quede pasmada, pero la peor parte fue para ellos, que
siguieron convenciéndome de que los Reyes Magos existían durante un par de años
más ¡¡Vaya con mi padre, qué engañados nos tenía a mí y a mis hermanos¡¡”

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